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Mi茅rcoles de Ceniza

Mi茅rcoles de Ceniza

La celebraci贸n del Mi茅rcoles de Ceniza nos invita hoy a una profunda revisi贸n de nuestra vida, de nuestras actitudes y criterios de comportamiento; a iniciar un serio proceso de conversi贸n y de purificaci贸n. Cuaresma es un tiempo de gracia que Dios nos concede como un regalo.

La Cuaresma comienza el Mi茅rcoles de Ceniza

Convert铆os y creed el Evangelio

La implantaci贸n del Mi茅rcoles de Ceniza hay que relacionarla con la instituci贸n de la penitencia can贸nica. 脡ste era un d铆a muy importante para los que iban a iniciar la penitencia cuaresmal antes de ser admitidos a la reconciliaci贸n el d铆a de Jueves Santo. En los siglos V y VI, la entrada en la penitencia ten铆a lugar al principio de la Cuaresma. Este dato nos lo confirmar谩 m谩s tarde 鈥攅n el siglo VII鈥 el llamado Sacramentario Gelasiano b (I, XVI), uno de los m谩s antiguos libros lit煤rgicos de la tradici贸n romana. En este sacramentado, la entrada en la penitencia can贸nica se sit煤a el mi茅rcoles que precede al domingo primero de Cuaresma. Por eso ser谩 llamado 芦Mi茅rcoles de Ceniza禄. Ese d铆a, despu茅s de haber o铆do en privado la confesi贸n del penitente, el obispo, en un acto lit煤rgico solemne, impone las manos sobre la cabeza de los penitentes, les cubre de ceniza, les hace vestir de cilicio 鈥攗na especie c铆e vestimenta hecha con pelo de cabra鈥 y les invita a emprender un camino de penitencia y de conversi贸n. Al final de la celebraci贸n, los penitentes son expulsados de la Iglesia y entran a formar parte del grupo 鈥攅l 芦orden鈥 de los penitentes. El rito de reconciliaci贸n tiene lugar el d铆a de jueves Santo.

Durante la Cuaresma, los penitentes se entregan a toda clase de mortificaciones y pr谩cticas piadosas: visten de oscuro, con ropas miserables y burdas; se someten a un ayuno riguroso, priv谩ndose en absoluto de comer carnes; hacen abundantes limosnas y se ejercitan en toda clase de obras de misericordia. En las asambleas lit煤rgicas son colocados en un lugar especial, al fondo de la iglesia. S贸lo asisten a la liturgia de la palabra. Antes del ofertorio, en el marco de la oraci贸n de los fieles, se hace una oraci贸n por ellos y se les despide”. Por otra parte, durante el tiempo de Cuaresma los sacerdotes imponen las manos a los penitentes y, en se帽al de duelo, en los d铆as de fiesta asisten de rodillas a las oraciones de la iglesia. Todos estos gestos externos, marcados a veces de una extraordinaria rudeza y rigurosidad, deben ser la expresi贸n visible de la penitencia interior. Deben hacer patente a los ojos de la comunidad cristiana el estado de 谩nimo del penitente, su actitud de arrepentimiento y de conversi贸n y, sobre todo, su voluntad decidida de emprender un camino de renovaci贸n cristiana. No se excluye, sin embargo, entender estos actos de penitencia como gestos de expiaci贸n y de satisfacci贸n por los pecados. En todo caso, todo este conjunto de pr谩cticas penitenciales no son sino la expresi贸n de la actitud interior del hombre que se siente pecador ante Dios y espera ansiosamente el perd贸n de la misericordia divina.

Desaparecida ya la penitencia can贸nica, la celebraci贸n del Mi茅rcoles de Ceniza nos invita hoy a una profunda revisi贸n de nuestra vida, de nuestras actitudes y criterios de comportamiento; a iniciar un serio proceso de conversi贸n y de purificaci贸n. Cuaresma es un tiempo de gracia que Dios nos concede como un regalo. Quiz谩s sea 茅sta, la cuaresma que hoy comenzamos, una oportunidad singular e irrepetible que no debi茅ramos echar en saco roto. Debemos tomarnos en serio este per铆odo de Cuaresma y enfrentarnos con nuestra propia realidad personal. Tenemos por delante un largo camino para la escucha de la palabra de Dios, para la reflexi贸n personal y para el encuentro silencioso con Dios en la soledad de ese desierto singular que nos hemos construido en la profundidad de nuestra conciencia 铆ntima. Al final de esa peregrinaci贸n, la Pascua se nos aparecer谩 como una explosi贸n de luz fulgurante y transformadora.

Una experiencia de desierto

Cuaresma es, pues, sin duda, una experiencia de desierto. No es que la comunidad cristiana deba desplazarse a un lugar geogr谩fico especial para vivir esta experiencia. Cuando aqu铆 hablo de desierto, m谩s que a un emplazamiento geogr谩fico, me estoy refiriendo a un tiempo privilegiado, a un tiempo de gracia. Porque la experiencia de desierto es siempre un don de Dios. Es siempre 茅l quien conduce al desierto. Fue 茅l tambi茅n quien condujo a Israel al desierto por medio de Mois茅s, y quien condujo a jes煤s por medio del Esp铆ritu. Este mismo Esp铆ritu es quien convoca a la comunidad cristiana y la anima a emprender el camino cuaresmal.

El desierto es un lugar hostil, lleno de dificultades y de obst谩culos. Por eso la experiencia de desierto anima a los creyentes a la lucha, al combate espiritual, al enfrentamiento con la propia realidad de miseria y de pecado.

En este sentido, la Cuaresma debe ser interpretada como un tiempo de prueba. Los cuarenta a帽os que Israel pas贸 en el desierto fueron tambi茅n un tiempo de tentaci贸n y de crisis, durante los cuales Yahv茅 quiso purificar a su pueblo y probar su fidelidad (Dt 8, 2-4; Sal 94). Tambi茅n Jes煤s fue tentado en el desierto. Durante la Cuaresma, la Iglesia vive una experiencia semejante, sometida a las luchas y a las privaciones que impone la militia Christi. El cristiano vive un arduo combate espiritual. Lo vive siempre. No s贸lo durante la Cuaresma. Pero la Cuaresma representa una experiencia singular, una especie de entrenamiento comunitario en el que los creyentes aprenden y se ejercitan en la lucha contra el mal. Casi ninguno de los israelitas superaron la prueba. En realidad fueron muy pocos los que, habiendo salido de Egipto, consiguieron entrar en la tierra prometida. La mayor铆a sucumbieron en el camino. Hasta Mois茅s. Cristo, en cambio, sali贸 victorioso de la prueba. El diablo no logr贸 hacerle sucumbir. Los cristianos que realizan seriamente el ejercicio cuaresmal y recorren con asiduidad el camino que lleva a la Pascua, compartir谩n sin duda con Cristo la victoria sobre la muerte y sobre el pecado.

Tiempo de conversi贸n y penitencia

Ahora voy a referirme a la dimensi贸n penitencial de la Cuaresma. Es 茅ste un aspecto que bien podr铆amos considerar connatural a la misma. Toda cuaresma, por el simple hecho de serlo, debe ser un tiempo de penitencia. Yo lo creo as铆. De hecho, ya el mismo Eusebio de Cesarea 鈥攅l primero que nos habla de la Cuaresma鈥 se refiere a ese tiempo de preparaci贸n a la Pascua llam谩ndolo 芦ejercicio cuaresmal禄. Sin embargo, en Roma esta dimensi贸n adquiere unas connotaciones propias. El mismo ayuno, que aparece desde el principio como ingrediente esencial en la preparaci贸n a la Pascua, reviste en Roma un sentido y unas resonancias que no pose铆a durante los primeros siglos.

La Cuaresma romana, al insistir sobre el ayuno y sobre la penitencia, lo hace desde una perspectiva eminentemente asc茅tica y penitencial. Es una forma de expresar el permanente control que el cristiano debe ejercer sobre s铆 mismo y la lucha abierta contra las pasiones y las apetencias de la carne que se alza contra las exigencias del esp铆ritu. Al mismo tiempo, las pr谩cticas de penitencia durante la Cuaresma son asumidas como una forma de 芦satisfacci贸n禄 o castigo para purgar los pecados propios y los ajenos. Hay, por otra parte, una permanente invitaci贸n al reconocimiento de los propios pecados y una llamada insistente a una conversi贸n radical y absoluta.

Todos estos aspectos, que caracterizan sin duda la penitencia cuaresmal, s贸lo se entienden adecuadamente si se tiene presente que, durante siglos, el tiempo de Cuaresma constituy贸 el cauce can贸nico oficial para celebrar el sacramento de la reconciliaci贸n. La misma estructura cuaresmal dio marco a la instituci贸n penitencial. Este hecho, que de suyo cae en la esfera de lo formal y accesorio, impregn贸 la Cuaresma de una dimensi贸n espiritual determinante. Iniciar la Cuaresma ha significado y significa asumir las actitudes de fondo que caracterizan al hombre pecador, consciente de su pecado, arrepentido y confiado en la ilimitada misericordia de Dios.

Los antiguos ritos penitenciales estuvieron en vigor hasta el siglo VI, mientras dur贸 la penitencia can贸nica. Despu茅s quedaron como restos arqueol贸gicos de un pasado vigoroso. La Iglesia mantuvo el ritual de la reconciliaci贸n de penitentes. Pero como una ceremonia m谩s, sin ninguna significaci贸n propiamente sacramental. A medida que fue introduci茅ndose la penitencia privada, la celebraci贸n solemne de la reconciliaci贸n fue convini茅ndose en pieza de museo. A partir del siglo XII, la dimensi贸n sacramental de la penitencia hab铆a quedado reservada de modo exclusivo a la confesi贸n privada. Sin embargo, la Cuaresma, que hab铆a servido de marco a la penitencia can贸nica antigua, sigui贸 manteniendo su significaci贸n penitencial, a pesar de haber ca铆do en desuso la antigua forma de celebrar el sacramento del perd贸n. En esa situaci贸n era la Iglesia entera la que, reconoci茅ndose comunidad pecadora, entraba en penitencia y se somet铆a, durante la Cuaresma, a toda clase de privaciones, ayunos y asperezas, implorando la misericordia de Dios y el perd贸n de sus pecados. De aqu铆 han debido surgir, sin duda, las asociaciones y procesiones de penitentes que la religiosidad popular ha mantenido hasta ahora y que abundan sobre todo durante la Semana Santa.

Los textos de oraci贸n lit煤rgica, mantenidos por la Iglesia hasta la reforma del Vaticano II, reflejan ampliamente la dimensi贸n penitencial de la Cuaresma, cargando incluso las tintas en una visi贸n pesimista del hombre, sometido al dominio de las pasiones y oprimido bajo el peso de sus culpas. La reforma lit煤rgica del Vaticano II ha querido dar un enfoque nuevo a la espiritualidad y a la penitencia cuaresmal. Para ello se han introducido nuevos textos de oraci贸n y se han modificado muchos de los antiguos. Todas estas modificaciones reflejan un nuevo enfoque espiritual de la Cuaresma. No es tanto la penitencia corporal lo que interesa subrayar cuanto la conversi贸n interior del coraz贸n. Los textos b铆blicos, extra铆dos muchos de ellos de la literatura prof茅tica, orientan la actitud cuaresmal de cara a una profunda purificaci贸n del coraz贸n y de la misma vida de la Iglesia. Hay una continua descalificaci贸n de cualquier intento de cristianismo formalista, anclado en ritualismos falsos. La verdadera conversi贸n a Dios se manifiesta en una apertura generosa y desinteresada hacia las obras de misericordia: dar limosna a los pobres y comprometerse solidariamente con ellos, visitar a los enfermos, defender los intereses de los peque帽os y marginados, atender con generosidad a las necesidades de los m谩s menesterosos. En definitiva, la Cuaresma se entiende como una lucha contra el propio ego铆smo y como una apertura a la fraternidad. A partir de ah铆 es posible hablar de una verdadera conversi贸n y de una ascesis aut茅ntica. S贸lo as铆 puede iniciarse el camino que lleva a la Pascua.

En este sentido, Cuaresma viene a ser un tiempo que permite a la Iglesia 鈥攁 toda la comunidad eclesial鈥 tomar con-ciencia de su condici贸n pecadora y someterse a un exigente proceso de conversi贸n y de renovaci贸n. S贸lo as铆 la Cuaresma puede tener hoy un sentido.

Jos茅 Manuel Bernal Llorente